Eva Orúe destituida como directora de la Feria del Libro de Madrid 2027

La Feria del Libro de Madrid cierra una era de forma abrupta. La Asociación de Empresarias y Empresarios del Comercio del Libro de Madrid ha comunicado este lunes el cese inmediato de Eva Orúe como directora de la cita cultural, un cargo que asumió en 2022 convirtiéndose en la primera mujer al frente del evento. La destitución, calificada por la propia Orúe como un «despido inmediato» cuyas razones no comparte, se produce pocas semanas después de la clausura de una 85.ª edición marcada por un año más de caída en las cifras de facturación y visitantes.
A pesar de que el presidente de la Asociación de Librerías, Luis M. Tigeras, ha intentado rebajar la tensión calificando la salida de «cambio de ciclo natural», en el sector era un secreto a voces que la relación entre la dirección y las bases de libreros y pequeños editores se encontraba muy deteriorada. La última feria cerró con una facturación de 9.862.888 euros y algo más de 587.000 ejemplares vendidos, lo que supone una caída de casi medio millón de euros respecto al ejercicio anterior; un golpe numérico que ha servido de catalizador para forzar la salida de la periodista.
El mandato de Eva Orúe no ha sido un camino sencillo. Aunque la organización ha querido destacar en su despedida los «importantes avances en ámbitos como la sostenibilidad y la programación cultural», lo cierto es que sus cinco ediciones de gestión han acumulado agrias polémicas que fragmentaron la tradicional sintonía de la Feria.
El primer gran frente de fricción se abrió con las editoriales independientes. Los sucesivos endurecimientos de los requisitos de participación (como la exigencia de un número mínimo de títulos vivos en catálogo) provocaron el plante público de sellos de referencia, como la editorial Barret, y cartas de protesta firmadas por decenas de editores que acusaban a la organización de diseñar reglas que favorecían exclusivamente a los grandes conglomerados, arrinconando la bibliodiversidad en espacios comunes o pasillos secundarios de menor tránsito.
La tensión burocrática alcanzó su punto álgido con el veto a la venta de publicaciones culturales de prestigio. En la edición de 2025, la feria protagonizó un agrio cruce de reproches públicos con la cabecera Jot Down, al prohibir de forma estricta la venta de revistas en las casetas alegando que el reglamento limitaba el espacio exclusivamente a los productos con registro ISBN y enfocados en la «cadena tradicional del libro». Lo que para la dirección era un cumplimiento estricto de los estatutos, para gran parte del tejido cultural madrileño supuso una muestra de rigidez institucional que expulsaba de El Retiro el pensamiento crítico y el periodismo cultural de fondo.
Sin embargo, lo que terminó por encender los ánimos del público y de los libreros tradicionales fue la paradoja comercial de sus últimas ediciones. Mientras la dirección aplicaba una normativa inflexible para los pequeños agentes, la Feria abría de par en par sus puertas a la «corporativización» del espacio público. La proliferación de macro-pabellones patrocinados por multinacionales ajenas al sector editorial, como los controvertidos espacios dedicados a grandes marcas comerciales, fue duramente contestada.
A esta masiva entrada de capital privado se sumaron las campañas de ‘greenwashing’. Aunque la dirección de Orúe enarbolaba la bandera de la sostenibilidad y el ecologismo para el evento, la inclusión de patrocinios procedentes de grandes corporaciones energéticas y multinacionales altamente contaminantes generó fuertes acusaciones de hipocresía por parte de colectivos sociales y visitantes, que criticaban que se utilizara el Paseo de El Retiro como un escaparate publicitario disfrazado de ecologismo literario.
La Asociación de Librerías de Madrid encara ahora el reto de diseñar la Feria del Libro de 2027 buscando restañar las heridas con sus propios integrantes. El objetivo explícito de la nueva etapa será devolver el protagonismo absoluto a las librerías de barrio y a los autores, tratando de rescatar el espíritu original de una feria que, en los últimos años, pareció importar más los modelos de los grandes recintos feriales comerciales que el de la fiesta de la lectura. La Asociación ya ha anunciado que en estas semanas se iniciará el proceso de una selección de una nueva dirección de la Feria del Libro de Madrid.
Esta profunda brecha entre la gestión institucional y la realidad del tejido editorial independiente es un conflicto latente que ya veníamos analizando de cerca. Como hemos advertido desde hace años en el análisis de fondo de este medio sobre el rumbo comercial que estaba tomando el evento en el Retiro, el choque de intereses entre las grandes marcas comerciales y las librerías tradicionales abría un interrogante que hoy cobra más relevancia que nunca: ¿Quién maneja mi feria, quién? Una reflexión que anticipaba el laberinto de patrocinios y descontentos que junto las mala cifras del evento han terminado por impulsar un actual cambio de ciclo en la dirección de la feria madrileña.



