
La editorial de camino a Frankfurt: Impedimenta
Desde 2007 el objetivo de Impedimenta tomaba dos caminos con un mismo fin. Pretendía ser una editorial que rescatara aquellas obras fundamentales de canon occidental que ya no se podían encontrar entre las novedades de las librerías y a su vez, quería impulsar aquellas obras merecedoras de la denominación «nuevos clásicos modernos»
Unos años después y con más de 300 títulos publicados, Impedimenta se reafirma en su objetivo y considera que lo ha cumplido con creces. Por eso, en Publishnews hemos contactado a su editor, Enrique Redel, para saber un poco más y obtener un adelanto sobre cómo esta editorial encara el camino a Frankfurt 2022.
¿De dónde surge la idea de fundar la editorial?
Cuando descubres un texto magnífico y de repente lo ves claro, sabes que lo puedes recomendar, que lo puedes hacer crecer, que puedes hacerlo llegar a los lectores.¿Cómo definirías tu catálogo? Selectivo (publicamos apenas entre veinticinco y treinta libros al año, no más), muy basado en la política de autor (es un catálogo en el que el verdadero hallazgo son los autores, más que sus obras vistas individualmente), inspirado en la curiosidad y la inquietud de los editores, más que en la búsqueda del llamado ‘nicho de mercado’, que atesore no solo textos buenos, sino también libros bellos, muy propositivo y energético (preferimos enamorarnos de un libro y proponerlo, más que buscar primero el nicho y luego cubrir ese nicho. La labor del verdadero editor es crear la necesidad de un tipo de libro, más que satisfacer una necesidad ya creada por la moda. Además, esa energía que mostramos a la hora de recomendar, si es genuina se transmite). Y un catálogo también coherente, es decir, que tenga una unidad, una lógica, que veas detrás de él un recorrido claro, un gusto. En lo que se refiere a la edición, ¿cuál parte de la creación del libro disfrutas más? Hay dos momentos que me parecen los más estimulantes: el primero, el descubrimiento del título. El flechazo que hace que te enamores de él y que quieras que forme parte de tu catálogo. Cuando descubres un texto magnífico y de repente lo ves claro, sabes que lo puedes recomendar, que lo puedes hacer crecer, que puedes hacerlo llegar a los lectores. Ese momento, antes de comenzar a buscar los derechos, a construir el libro y casi hasta a venderlo, es impagable. Por otro lado, adoro el momento en que, con nuestro diseñador, Daniel Matías buscamos los motivos de portada. Varias veces he dicho que soy incapaz de comprarme un libro feo. Para mí el libro no solo es el texto, sino el objeto bello en que este se plasma. El libro, como artefacto y como idea puede hacerse desganadamente o bien ser elegante, armonioso, bello. Preferimos que, por respeto al autor, al lector, al librero, el libro esté cuidado. A veces la búsqueda del motivo de cubierta se alarga días o semanas, y se convierte en cierto modo en algo agónico, en plan prueba y error. Pero cuando hallamos la imagen perfecta la alegría es máxima. Tenemos sensación de que hemos hecho bien nuestro trabajo. Luego viene la parte de la comercialización, que me parece menos sugerente a todos los niveles. Personalmente la considero una labor más farragosa, más aburrida y menos ‘vocacional’. Puedo decir que me siento más cómodo eligiendo libros y diseñándolos que vendiéndolos (por mucho que luego los libros de Impedimenta funcionen bien, algo que nos alegra). ¿Qué libro/libros has publicado que hayan pasado injustamente desapercibidos? En el catálogo de cualquier editor siempre hay títulos que, quizás porque son más puramente literarios llevan sin querer en su ADN el gen de lo minoritario. Libros exquisitos que uno adora pero que, inevitablemente, tienen un público muy limitado. Destacaría dos: Amor de Artur del gallego Xosé Luis Méndez Ferrín, un libro que marcó mi primera juventud cuando lo leí en su lengua original y que publicamos traducido al castellano muy al principio, en 2009, con una portada de Frank Cowper Cadogan. El admirado Constantino Bértolo lo consideraba uno de los mejores libros de la literatura peninsular del XX, y para mí era el mejor sin duda. Un libro delicadísimo, de estilo frondoso, densísimo y muy poético, muy influyente en generaciones enteras de escritores gallegos, de una altura literaria enorme, de una tremenda belleza. Desafortunadamente, hemos logrado vender, pasados los años, apenas unos pocos cientos de ejemplares y aunque yo lo sigo recomendando (para alegría de amigos poetas y libreros exquisitos), las ventas son las que son y eso me pesa. Por otro lado, Diarios del agua del escritor y naturalista inglés Roger Deakin. Es una espinita que tengo clavada porque tratándose de un libro apasionante, muy ameno, un clásico del género nature writing de las últimas décadas, no logramos transmitir su importancia al lector. Deakin, un tipo peculiar, documentalista, escritor, que vivía en un caserío rodeado por un foso de agua en Suffolk, remedando al ‘nadador’ del relato de Raymond Carver, decide recorrer Gran Bretaña a nado (varias veces se mete en líos y está a punto de morir en las Hébridas), y en este libro documenta su viaje por los ríos, pozos y mares británicos. Acompañábamos a la edición un completo mapa de baños sobre un mapa de la isla de Inglaterra. Aprovechando que en breve publicaremos su libro póstumo, Wildwood, en el que narra sus viajes por los bosques más antiguos del mundo, intentaremos relanzar el título. Está en nuestro código genético darle todas las oportunidades del mundo a los libros que adoramos.
¿Y un título por el que has luchado por publicar del que te sientas especialmente orgulloso?
¿Cómo se prepara Impedimenta para Frankfurt 2022?
Publicada originalmente en Publishnews


