Más de 160 figuras de la cultura internacional firman un manifiesto en apoyo a Sally Rooney tras el veto a sus libros en el Reino Unido
Más de 160 personalidades del ámbito literario, cinematográfico y cultural internacional han hecho pública una carta abierta en la revista The New Statesman para exigir al Gobierno británico que revierta la prohibición de venta de los libros de la escritora irlandesa Sally Rooney en el Reino Unido. La medida se ha adoptado como consecuencia de la legislación antiterrorista británica, tras el respaldo económico expresado por la autora al colectivo pro palestino Palestine Action.

Entre los firmantes de la propuesta figuran nombres de relieve de las letras contemporáneas como las galardonadas con el Premio Nobel Anne Carson y Annie Ernaux, el también Nobel J.M. Coetzee y otros autores como Julian Barnes, Irvine Welsh, Slavoj Žižek, Arundhati Roy, George Saundes o Colm Tóibín. El manifiesto cuenta asimismo con el respaldo de figuras de las artes escénicas, la música y el cine como Tilda Swinton, Susan Sarandon, Jessie Buckley, el director Jonathan Glazer, la banda Kneecap y el líder de Massive Attack, Robert Del Naja, así como los actores Paul Mescal y Daisy Edgar-Jones y el director Lenny Abrahamson, vinculados a la adaptación audiovisual de la novela Gente normal (Normal People).
El bloqueo de las obras de Rooney, que abarca títulos como Conversaciones entre amigos (Random House, 2018), Gente normal (Random House, 2019) o su más reciente novela Intermezzo (Random House, 2024), responde a la inclusión de Palestine Action en la lista de organizaciones catalogadas como terroristas por el Ejecutivo británico en julio de 2025, tras una serie de acciones directas contra instalaciones militares. La normativa vigente prohíbe de forma explícita cualquier tipo de apoyo financiero o material a las entidades tipificadas bajo este epígrafe.
El conflicto legal y editorial se desencadenó cuando la escritora anunció en una columna publicada en The Irish Times su decisión de donar a dicha organización una parte de sus derechos de autor, incluidos los ingresos derivados de las adaptaciones audiovisuales. La propia Rooney reveló este mes que cualquier intento de comercializar sus obras en el Reino Unido podría constituir un delito penal grave, mientras que su sello editorial en el Reino Unido e Irlanda, Faber, confirmó que la legislación actual les impide transferir los rendimientos económicos generados en territorio británico a la autora, lo que ha forzado la retirada inmediata de sus libros de los puntos de venta.
En el texto difundido por The New Statesman, los firmantes subrayan que «Sally Rooney es una escritora, no una terrorista» y exigen que sus libros vuelvan a estar a disposición del público. La carta califica la medida de «afrenta a los principios fundamentales de la libertad de expresión» asentada en una «legislación antiterrorista draconiana y mal concebida».
Los profesionales de la cultura rechazan categóricamente la censura, tanto directa como indirecta, e instan al Gobierno británico a modificar el marco normativo que ha conducido a esta situación de «absurdidad represiva».



