Joachim Kaufmann sets out his plans for the Frankfurt Book Fair at the Publishing Perspectives Forum
When Joachim Kaufmann takes the helm of the Frankfurt Book Fair on 1 November, he will have to manage a calendar as fascinating as it is relentless. «I have a fiscal year of just five days», he joked on Friday morning at the Publishing Perspectives Forum, noting that this handful of days in fact accounts for 80% of the company’s business.

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Cuando Joachim Kaufmann tome las riendas de la Feria del Libro de Frankfurt el próximo 1 de noviembre, le tocará gestionar un calendario tan fascinante como implacable. «Tengo un año fiscal de solo cinco días», bromeaba el viernes por la mañana en el Publishing Perspectives Forum, recordando que ese puñado de jornadas concentra en realidad el 80 % del negocio de la empresa. La escena tuvo lugar durante una conversación pública conducida por Andrew Albanese, editor jefe de Publishing Perspectives, en la que el nuevo ejecutivo desgranó sus primeras ideas para relevar a Juergen Boos tras más de dos décadas al frente del mayor encuentro editorial del mundo.
Kaufmann no llega precisamente de nuevas al sector, aunque sí con la prudencia de quien sabe que los grandes giros no se improvisan. A sus espaldas lleva veinte años dirigiendo la división alemana del grupo Bonnier en Carlsen, una casa a la que llegó con solo 32 años. De aquella época le gusta recordar la mezcla de vértigo y ambición con la que asumió el cargo, «me sentía preparado, pero no lo estaba», un periodo en el que le tocó pilotar hitos comerciales descomunales como la distribución en un solo día de 3,4 millones de ejemplares de Harry Potter o el estallido del fenómeno Crepúsculo. Curtido en el área de ventas de gigantes como Random House y Ravensburger, y con una sólida trayectoria en las juntas directivas del Börsenverein y la Unión Internacional de Editores, su perfil combina el pragmatismo del comerciante con el pulso institucional de la industria.
A pesar de esa amplia hoja de servicios, Kaufmann ha preferido no desembarcar con un plan cerrado bajo el brazo. Hasta la próxima primavera no habrá una hoja de ruta formal, una vez que haya escuchado a cerca de cuarenta trabajadores de la casa. «Los buenos vendedores no hablan demasiado, escuchan sobre todo», apuntó con naturalidad para definir un punto de partida que, a su juicio, encuentra a la feria en un estado «saludable».
Su obsesión principal no es otra que preservar el corazón profesional de la cita. El gran riesgo, admite, es que los editores y agentes empiecen a acortar su estancia o directamente dejen de viajar. Para evitarlo, la prioridad pasa por multiplicar los formatos de networking que justifiquen el viaje a quienes vuelan desde América Latina, Asia o África, además de estrechar los lazos del libro con el cine, las series y los videojuegos. Recordó en ese sentido una frase reciente de Nihar Malaviya, consejero delegado de Penguin Random House, quien definió Frankfurt como el único lugar del planeta donde los equipos internacionales de un mismo grupo global consiguen verse las caras en persona.
El otro gran frente es el público general. Kaufmann no escatimó elogios para la reciente reorganización del recinto ferial, que ha trasladado la actividad comercial alemana y a los lectores a la planta baja dejando los niveles superiores para las negociaciones profesionales. Reconoció con humor que a él jamás se le habría ocurrido una distribución semejante durante sus años como expositor, pero adelantó su intención de exprimir el fin de semana reuniendo a grandes figuras y montando escenarios multitudinarios. Eso sí, con una línea roja que no piensa cruzar: la actividad de masas solo tendrá cabida de viernes a domingo. «Nunca aceptaré eso antes del viernes», enfatizó respecto al espacio reservado a los días de negocio puro.
En el plano más político, el futuro director quiere que Frankfurt vuelva a sonar con fuerza en el debate público, aprovechando la presencia de unos 8.000 periodistas acreditados para sentar a los gobernantes a la mesa y hablar de alfabetización, derechos de autor o el impacto de la inteligencia artificial. Sobre el uso no autorizado de obras por parte de las grandes tecnológicas se mostró tajante, «roban nuestro contenido y no pagan por él», del mismo modo que cuestionó la falta de apoyo institucional al libro frente a otros sectores. «¿No resulta extraño que incluso la industria del videojuego reciba más subvenciones en Alemania que la del libro?», dejó caer durante el encuentro.
Respecto a la propia inteligencia artificial, su postura es más bien práctica. Durante un reciente receso profesional de cinco meses se dedicó a trastear con la tecnología hasta crear más de una veintena de agentes digitales. «En mi empresa, yo abrazo la IA», aseguró, aunque marcando distancias con los entusiasmos ciegos y recordando que la revisión humana debe ser constante. Al fin y al cabo, Kaufmann ya ha visto pasar unas cuantas revoluciones que no fueron para tanto: allá por 2010, tras la irrupción del Kindle, organizó en Carlsen una jornada de trabajo para planificar qué hacer si el libro digital alcanzaba el 50 % de sus ventas. Aquel escenario nunca llegó a producirse. La edición, como le gusta resumir, no es el fin del mundo, sino simplemente un «cambio permanente».



