Isabel Lahuerta
EntrevistaPor Lorenzo Herrero ·

Cada decisión genera un eco infinito

Isabel Lahuerta

Isabel Lahuerta Bellido, abogada, escritora y artista multidisciplinar, entrega en la novela con Lo que la mentira alimenta, un thriller político, social y de investigación policial que transcurre entre España y La Habana. La obra explora la manipulación, la vigilancia y la moralidad en un contexto de restricciones y secretos familiares, siguiendo a personajes que enfrentan dilemas éticos complejos.

Con una narrativa esmerada, documentada y detallada, Isabel propone al lector reflexionar sobre las decisiones humanas y la influencia de la mentira en el destino de las familias. La novela marca un hito en su trayectoria literaria y personal y un antes y un después
en lo que conocíamos acerca de la dictadura cubana.

¿Qué la inspiró a situar la historia entre España y La Habana, y cómo influyó la historia de Cuba en su narrativa?

La elección de este eje transatlántico nace de una experiencia vivida y de una investigación exhaustiva cuyo propósito no era únicamente documentar, sino provocar en el lector una inquietud cultural y social profunda. Mis viajes a Cuba me enfrentaron a una realidad que desbordaba cualquier relato previo: un sistema donde la escenografía turística convivía con un capitalismo encubierto y, al mismo tiempo, con mecanismos de control que fragmentaban la vida cotidiana de los propios cubanos.

La existencia de dos monedas, los espacios vetados a los nacionales, los productos reservados al visitante extranjero y la vigilancia permanente, construían un trampantojo político y moral que me obligó a reflexionar sobre la desigualdad estructural y la ingeniería social del régimen. Ese contraste —entre la belleza aparente y la asfixia interior— fue el detonante creativo.

La historia de Cuba no aparece como un simple decorado, sino como el motor dramático de la novela. La fractura familiar provocada por la Revolución de 1959, la Operación Peter Pan, la crisis de los misiles, el éxodo del Mariel o las prácticas inhumanas vinculadas a los presos políticos, extrayéndoles la sangre para la venta,  se integran en la trama como hitos que determinan el destino de los personajes.

Frente a esa Cuba concebida como espacio de vigilancia y escasez, España emerge como territorio de memoria y revelación, el lugar donde las verdades postergadas deben enfrentarse, incluso más allá de la muerte.

¿Cómo surgió la idea de explorar la manipulación y la mentira como eje central de la novela?

La mentira es una de las estructuras invisibles que sostienen nuestra vida cotidiana. Rara vez se presenta como tal: suele llegar envuelta en forma de creencia, de relato oficial o de emoción heredada. Me interesaba explorar cómo el pensamiento puede ser construido por otros hasta el punto de que lo asumimos como propio.

En la novela se evidencian los mecanismos que orientan al individuo hacia un bando u otro según intereses ajenos. La transformación ideológica de Cuba, el conflicto entre Iglesia y revolución, o la instrumentalización de la historia muestran cómo la verdad puede ser moldeada hasta convertirse en herramienta de poder.

La idea central es que, en determinados contextos, la mentira no solo protege: alimenta, construye identidades y determina destinos. Los personajes sobreviven gracias a ficciones personales, secretos familiares y lealtades ambiguas que se prolongan durante décadas.

La obra presenta personajes con actitudes morales muy distintas; ¿cómo construyó sus perfiles y motivaciones?

Todos los personajes nacen bajo la presión de la supervivencia en un sistema totalitario. Cada uno responde de forma distinta a ese mismo entorno.

Los tres hermanos representan tres formas de adaptación al poder: Raúl la disidencia castigada; Carlos la ambición que prospera dentro del sistema; Enrique la vulnerabilidad que se disfraza de obediencia. Regina encarna el amor como fuerza política y moral, capaz de transgredir cualquier límite para proteger a su familia. Mercedes, por su parte, transita por la pérdida, la locura y la búsqueda afectiva, convirtiéndose en un personaje profundamente trastornado, pero con un alto contenido de sorpresa. Kuztanov e Irina introducen la dimensión soviética y la geopolítica del relato, mientras que la figura ausente de Elías funciona como el gran enigma que articula la trama.

Regina y Mercedes adoptan maniobras torticeras mientras que Carlos y Enrique siguen las normas. ¿Qué quería transmitir con estos contrastes?

Quería cuestionar la idea de moralidad en contextos de opresión. Regina y Mercedes representan la resistencia activa: el uso del secreto, la manipulación o el espionaje como herramientas de protección y justicia. Carlos y Enrique simbolizan la integración en el sistema: el ascenso a través de la obediencia y el silencio como forma de supervivencia.

¿Qué retos enfrentó al documentarse sobre la Cuba revolucionaria y cómo equilibró la realidad histórica con la ficción?

El mayor desafío fue el trabajo de campo. Viví en Cuba durante un mes para contrastar mis investigaciones y me enfrenté a la escasez extrema, a los apagones, a la ausencia de productos básicos y a la vigilancia de los Comités de Defensa de la Revolución. Hubo momentos en los que temí ser detenida, y ese impacto emocional forma parte de la escritura.

El equilibrio entre historia y ficción surge al hacer que los personajes transiten por un escenario real. Los CDR, las UMAP, los acuerdos del CAME, la influencia soviética o la Movida Madrileña no son referencias externas: condicionan las decisiones y la evolución de los protagonistas.

¿Qué importancia tiene la saga familiar de los Rewer dentro de la trama y cómo refleja conflictos universales?

La saga Rewer es el corazón de la novela. A través de ella exploro el conflicto universal de la identidad, el abandono y la herencia emocional. Las decisiones políticas de los padres determinan el destino de los hijos, mostrando cómo la historia colectiva invade la esfera íntima.

Como autora multidisciplinar, ¿de qué manera su experiencia en cine y arte influyó en su forma de narrar esta historia?

La novela está concebida con una mirada cinematográfica. Trabajo la imagen, el montaje temporal y la fragmentación de la cronología como si se tratara de una estructura fílmica. Cada espacio —de Jerez a La Habana, de Madrid a Miami— funciona como una secuencia visual con carga simbólica.

¿Hubo algún personaje cuya evolución la sorprendió durante el proceso de escritura?

El proceso de escritura fue un descubrimiento constante. Irina terminó convirtiéndose en el eje donde se deposita la gran mentira de la historia, y Enrique desarrolló la evolución más compleja: su negación personal lo transforma en uno de los personajes más trágicos.

Lo que la mentira alimenta es su primera novela; ¿cómo fue el proceso de transición de relatos cortos a una novela extensa?

Venía de escribir decenas de relatos, algunos publicados junto a autores galardonados con premios de gran prestigio. Un accidente laboral detuvo mi ritmo de vida y me obligó a permanecer en silencio durante meses. Ese paréntesis se transformó en un espacio de creación compulsiva: la novela nació ahí, como una necesidad vital.

Ese cambio me permitió construir una arquitectura de suspense mucho más profunda, articulada en torno al testamento de Elías y al secreto de la herencia.

¿Qué mensaje espera que los lectores extraigan sobre la verdad, la mentira y la toma de decisiones?

Que cada decisión genera un eco infinito. La novela invita a preguntarse si la verdad siempre libera o si, en determinadas circunstancias, la mentira sostiene vínculos emocionales. El pasado, por mucho que se oculte, siempre encuentra la forma de ser revelado.

¿Cuánto de usted misma se filtra en la historia?

Se filtra mi reflexión sobre la libertad individual frente al poder y mi sensibilidad hacia los marginados. Escenas como la de la niña que atesora latas vacías como símbolos de lujo nacen de vivencias reales y condensan esa mirada.

¿Tiene planeada alguna continuación?

La novela es el primer volumen de una trilogía. La segunda parte se publicará en el primer semestre de 2026 y estará acompañada por un proyecto audiovisual de ocho capítulos que ampliará la investigación sobre la Cuba bajo influencia soviética y el desenlace entre Miami y España.

Publicada originalmente en Publishnews

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