EntrevistaPor Lorenzo Herrero ·

El silencio mata y cierra el camino hacia la verdad

Veera Helena Reinikainen

Las cuatro Evas. El vínculo generacional (Caligrama, 2025) es el primer tomo de una serie autobiográfica valientemente humana escrita por Veera Helena Reinikainen, una autora que convierte el dolor en testimonio y la fe en camino de redención. Nacida en la Unión Soviética en una familia cristiana, Veera relata sin filtros su tránsito por el sufrimiento, la dependencia y la soledad, hasta alcanzar la sanación interior. Su libro no busca conmover, sino acompañar: es una confesión que nace del silencio roto por una voz interior que le dijo «Cuéntalo». Hoy, desde España, dedica su vida a ayudar a otros a encontrar la luz tras la oscuridad.

¿Qué le impulsó finalmente a romper el silencio y contar su historia en el libro Las Cuatro Evas?

Desde mi más temprana infancia escuché las historias de las mujeres de mi linaje: lo que sentían, cómo sufrían y por qué tuvieron que pasar. Era como si yo fuera aquella niña que simplemente escuchaba y acogía su dolor. A veces me parecía que vivía sus destinos junto a ellas. Mi madre solía contar la misma historia una y otra vez, y yo la sabía casi de memoria. Pero sólo cuando empecé a escribir comprendí por qué me la contaban.

Durante mucho tiempo llevé dentro de mí su dolor y el mío, sin encontrar palabras para expresarlo. Y por otro lado, tenía miedo de decir la verdad sobre mí — por miedo a ser juzgada. Pero llegó un momento en que el silencio se volvió más pesado que la verdad misma.

Me apoyó mi sabio y amado esposo Leo, así como mis amigos de España. Y entonces oí una voz interior — suave, pero insistente: «Cuéntalo».

Entonces comprendí: si mi camino, a través del sufrimiento y de los errores, ayuda al menos a una persona a ver que hay una salida, entonces todo habrá tenido sentido. Así entendí por qué las mujeres de mi linaje me contaban sus historias — estaban transmitiendo el relevo de la verdad y de la sanación. Eso me dio fuerza y confianza para seguir el camino correcto y cumplir mi propósito: transmitir todo lo que sabía y había vivido.

En el título se menciona El vínculo de las generaciones. ¿Qué significa ese vínculo entre las Evas?

Ese vínculo no es sólo de sangre, sino también espiritual. A menudo repetimos los destinos de nuestros antepasados sin darnos cuenta. Desde la infancia, el niño absorbe como una esponja lo que ve y oye, y luego lo transmite más allá. Cree hasta que se encuentra con otra verdad.

En cada mujer de mi linaje — mi bisabuela, mi abuela, mi madre y yo — vivía el mismo anhelo de amor, aceptación y comprensión. Pero junto con ello, un dolor que se transmitía de generación en generación, hasta que alguien se atreviera a sanarlo.

Quise mostrar que ese círculo puede romperse. Hay que comprender y aceptar la propia historia, acercarse al espejo de la verdad y atreverse a verse en él. Sólo así se puede detener en uno mismo la negatividad heredada y transformarla en bondad y amor. Entonces el vínculo de las generaciones continuará, pero ya en la luz, no en la oscuridad.

¿Cómo influyeron su infancia en la URSS y la fe en su percepción del mundo y del dolor?

Crecí en tiempos soviéticos, cuando no se podía hablar abiertamente de la fe. Pero la fe y la devoción de mis padres a su Creador estaban por encima de cualquier norma o ley. Por eso, desde niña sabía lo que era el bien y el mal, cómo se debía actuar y cómo no.

Nosotros, los niños, sufrimos todas las consecuencias del rechazo hacia nuestros padres, pero en el corazón seguíamos sabiendo que existe algo más grande que el miedo y el poder: la conciencia, la bondad y la verdad.

Estas raíces de fe me ayudaron a sobrevivir cuando el mundo de los adultos se desmoronaba. Sabía a quién acudir en busca de ayuda, a quién podía gritar en la desesperación — y creía que sería escuchada. Tras recorrer mi camino de cuarenta años de pruebas, comprendí que en el dolor no hay castigo, sino un camino hacia la comprensión.

Usted llama al libro «una confesión sin anestesia». ¿Fue doloroso volver al pasado al escribirlo?

Sí, fue doloroso. Escribía el libro por las noches, en silencio, regresando en mi memoria a años, días y conversaciones concretas. Los momentos más difíciles fueron aquellos en los que describía el dolor y el sufrimiento de las mujeres de mi linaje — y mis propios errores.

A veces quería volver al pasado para corregirlo todo, pero comprendía que ya era demasiado tarde. Entonces mis lágrimas no eran por lo ocurrido, sino por la imposibilidad de cambiarlo. En esos momentos me dirigía mentalmente al Creador, susurrando: «Perdóname…»

Escribir este libro fue como caminar sobre el fuego — daba miedo, pero purificaba. Cada lágrima sobre el papel se convertía en una fuerza que ahora puedo compartir.

¿Qué papel desempeñó la espiritualidad en su sanación?

Ahora entiendo que la espiritualidad no es religión, sino un estado del alma. Es el momento en que dejas de culpar y comienzas a comprender; cuando miras en el espejo de la verdad y ves la realidad; cuando ves en cada persona no a un enemigo, sino a un corazón vivo que busca la luz — entonces empiezas a entender lo que es el amor.

Pero antes, por orgullo y falta de comprensión, elegí mi propio camino y lo recorrí durante cuarenta años, como por un desierto, perdiendo uno a uno — la fe, la esperanza, el amor y a mí misma.

Tuve que conocer a las fuerzas oscuras que se apoderaron de mi cuerpo y de mi mente, para creer que realmente existen — aquellas en las que antes dudaba. Tuve que oír la voz de Dios y sentir Su toque para comprender y aceptar que Él es real. Tuve que ver la sangre de Jesús derramada por mis pecados para comprender el precio de la libertad y del perdón concedidos al ser humano.

Gracias a mi esposo Leo y a las oraciones de mis padres, se me dio una segunda oportunidad de recuperarlo todo. Pasé por tres hospitales psiquiátricos, por una oscuridad espiritual donde la mente pierde la libertad, pero Dios me devolvió la razón y me dio fuerzas para entender de qué lado quería estar.

Ahora he aprendido no sólo a perdonar a los demás, sino también a no castigarme a mí misma. A veces, para ver la Luz, hay que pasar por la noche del alma.

¿Cómo cambió su vida después de decidir compartir su historia?

Mi vida se volvió más limpia y tranquila. Comprendí por qué vine a este mundo. Ahora siento que el Reino de Dios no comienza después de la muerte, sino ya aquí en la Tierra, cuando en el alma hay paz y amor.

Desapareció el miedo a ser incomprendida o juzgada. Ya no tiene importancia. Siento paz, armonía y gratitud. Tal vez por eso la gente empezó a escribirme, a compartir sus historias y su dolor. Y comprendí que todos buscamos lo mismo: ser escuchados.

¿Qué desea que el lector encuentre en las páginas del libro — consuelo, reflexión, esperanza… o todo a la vez?

Probablemente todo a la vez. Quiero que el lector comprenda que no está solo. Que incluso desde el lugar más oscuro se puede salir si no se pierde la fe — la fe en la bondad, en el cambio, en el poder del amor. Y lo más importante — entender y creer en la verdad: que en cualquier circunstancia el ser humano siempre es visto y escuchado, y que siempre hay una mano dispuesta a tenderse para salvar, una mano de amor. Solo hay que querer tomarla.

¿Por qué considera importante hablar abiertamente sobre el sufrimiento y la dependencia emocional?

Porque el silencio mata y cierra el camino hacia la verdad. Mientras una persona tiene miedo de hablar de su dolor, se ahoga en la soledad y es imposible ayudarla.

Cuando en mí dominaba el orgullo, tampoco sabía pedir ayuda — me creía fuerte, inteligente, desconfiada. Pero luego entendí: pedir ayuda no es debilidad, sino valentía. Hablar del dolor y de los errores significa dar una oportunidad a uno mismo y a los demás para sobrevivir.

Usted fundó la organización benéfica Rauhankyyhky Säätiö SR. ¿Cómo se relaciona su labor caritativa con el mensaje del libro?

Tanto el libro como la fundación nacieron de una misma fuente — la compasión y la comprensión. Vi que las palabras pueden inspirar, pero la ayuda también debe ser real.

Mi esposo Leo y yo creamos la fundación para ayudar a mujeres, niños y animales rescatados — a aquellos que no pueden protegerse por sí mismos. Para mí, esto es la continuación natural del libro: transformar el dolor en bondad.

¿Qué significa para usted «sanar el alma» después de cuarenta años de lucha interior?

Significa dejar de ser prisionera del pasado y de la oscuridad. Aceptar todo lo que fue, sin miedo ni amargura, perdonar a todos y a uno mismo, pedir perdón a los demás y a la propia alma.

La sanación no es un solo momento, sino un camino. Es cuando el dolor ya no dirige tus actos, sino que se convierte en tu maestro, al que comprendes.

Este es solo el primer tomo. ¿Qué pueden esperar los lectores de las siguientes partes?

En el segundo tomo cuento cómo una persona, incluso después de encontrar la fe y el sentido, aún puede equivocarse y caer si olvida la humildad. Es una historia honesta sobre la elección entre la violencia y la compasión, entre el orgullo y el amor.

Una madre pierde a todos sus hijos por orgullo, pero la fe y la oración los devuelven — cuando los hijos ven que la madre ha cambiado.

El tercer tomo será sobre el futuro — sobre la fe y la esperanza, sobre la luz que puede encontrarse incluso en los lugares más oscuros, sobre la libertad, la paz y el amor que conducen a la sanación y a la salvación.

Si pudiera hablar con su «primera Eva» — la niña que fue —, ¿qué le diría?

La abrazaría y le diría: «No tengas miedo. Todo lo que vivas un día se convertirá en luz. Tu dolor no es un castigo, sino un camino hacia la comprensión de los demás. Ama, incluso cuando tengas miedo. Y recuerda — nunca estuviste sola».

Publicada originalmente en Publishnews

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