
Lo que más me ha interesado han sido las encrucijadas que plantea el abandono y la soledad
Durante años, la despoblación rural ha sido analizada desde cifras, estadísticas y estudios demográficos. Sin embargo, detrás de cada pueblo que pierde habitantes existen historias personales, recuerdos, ausencias y formas de vida que luchan por sobrevivir. En Repoblare, Raúl Rubio Escudero pone el foco precisamente en esa dimensión humana del fenómeno. A través de doce relatos ambientados en pequeños núcleos rurales, el autor explora las consecuencias emocionales y sociales del abandono del campo, al tiempo que rinde homenaje a quienes permanecen vinculados a sus raíces. Conversamos con él sobre este nuevo libro y sobre la realidad que inspira sus páginas.
Después de haber explorado diferentes géneros y temáticas a lo largo de su trayectoria, ¿qué le llevó a centrar su nuevo libro en la despoblación rural y sus consecuencias humanas?
Tenía la sensación de que el tema de la despoblación se había convertido en un producto (ferias, libros, programas de televisión …) y que se estaba perdiendo el foco sobre lo que realmente importa: las personas. Eso me llevó a hacer una serie de relatos que ponen voz a las personas que viven a diario en un pueblo, en vez de dársela a políticos, tertulianos, sociólogos, profesores de universidad…
El fenómeno de la España vaciada suele abordarse desde una perspectiva política o económica. ¿Qué aspectos cree que la literatura puede aportar a este debate que otros discursos no consiguen transmitir?
Se está produciendo ahora mismo algo diabólico, por un lado se crean organismos y políticas públicas para sostener el medio rural y evitar la despoblación, hay multitud de proyectos y de subvenciones que resultan artificiales. Por otro lado, los mismos que inventan estas soluciones han intervenido tanto la actividad agrícola y ganadera y han incentivado la introducción de productos agrícolas procedentes de terceros paises con muy bajas exigencias ambientales y de seguridad alimentaria, que han llevado a la afixia económica a muchas explotaciones, lo que está provocando el abandono masivo de esas actividades que eran clave para el sostenimiento del mundo rural, así que la gente joven se va de los pueblos.
Mi aportación al debate creo que es que la batalla de la despoblación está perdida, que no se va a revertir la ruina de la agricultura y de la ganadería así que no hay que gastar más medios y recursos, solo los imprescindibles para garantizar el bienestar de las pocas personas que quedan en el mundo rural, que las personas puedan ser atendidas cuando llegan a mayores, ropa limpia y planchada, comida, atención médica y que puedan envejecer en su entorno, nada más, que no se sientan ciudadanos de tercera.
¿En qué momento se dio cuenta de que estas historias debían formar parte de un mismo libro y no quedarse como relatos independientes?
Queria abordar los problemas del mundo rural desde diversas perspectivas. Por eso pensé que era adecuado recopilarlos en un libro, porque permite tener una visión amplia de un mundo, de un problema. De esta forma la persona que quiera acercarse al mundo de la despoblación del mundo rural puede tener una visión casi completa, por eso no podían quedar desvinculados unos de otros.
El título Repoblare tiene una gran fuerza simbólica. ¿Qué significado encierra para usted y qué espera que sugiera al lector antes incluso de abrir el libro?
El título es un latinajo inexistente que evoca una necesidad de revertir la situación de despoblación, volver-a-poblar, pero realmente el relato que da título al libro es una chanza, una burla cruel de los “inventos” que se hacen para atraer gente a los pueblos, con lo que la fuerza simbólica del título realmente es otra. Lo que pretendo con el título es que el lector piense que se va a encontrar una cosa y se encuentre con sorpresas.
Los pueblos que aparecen en sus relatos son mucho más que escenarios. ¿Cómo ha trabajado la construcción de estos espacios para convertirlos en auténticos protagonistas de la obra?
Este es un tema muy importante. Los espacios donde se desarrollan los relatos los he construido observando el medio durante muchos años, particpando en él. Yo he formado parte de esos espacios, eso se nota, da credibilidad a las historias, las hace verdaderas.
A lo largo de los doce relatos encontramos personajes que afrontan pérdidas, cambios y decisiones difíciles. ¿Qué emociones o conflictos humanos le interesaba especialmente explorar?
Lo que más me ha interesado han sido las encrucijadas que plantea el abandono y la soledad; irse, quedarse, o a veces volver. Muchos personajes se lo plantean, unos lo tienen claro, otros no, ¿qué consecuencias humanas tienen estas decesiones? ¿Por qué las personas se empeñan en permancer, en ir contra corriente? Algunas respuestas encontrará el lector.
¿Hasta qué punto las historias que narra están inspiradas en experiencias reales, testimonios o situaciones que ha observado de cerca?
Todos los personajes son ficticios, pero todas las historias tienen una base real, todas están sacadas de la realidad, con variaciones o aderezos necesarios.
Como persona vinculada a una tierra marcada por el fenómeno de la despoblación, ¿ha sentido una responsabilidad especial a la hora de abordar este tema literariamente?
Sí. La responsabilidad que he sentido ha sido no convertir el libro en un lamento, en algo pesimista o feo. Porque el mundo que describo no es así, a pesar de las dificultades y la dureza del territorio, la realidad es que la gente en general es feliz y quiere estar en su casa, en su pueblo, en su mundo, haciendo las cosas que siempre hizo; ir de caza, al huerto, catar las colmenas, dar paseos por el rio, pescar, buscar setas. Poner voz a esas personas ajenas a la Inteligencia Artificial y al mundo hiperconectado, sin victimismo y sin romanticismo. Ese era el reto y la responsabilidad.
¿Hubo algún relato que le afectara especialmente durante la escritura o que le resultara más complejo de desarrollar?
Tormentas de verano es un relato que me costó mucho hacer, a la editorial es uno de los que más le gustan, posiblemente es el relato en el que he dejado más cosas personales, nadie lo pensaría, y es algo poco habitual en mi literatura. Trata de la decisión de quedarse en la agricultura cuando todos tus amigos se van (yo me fuí), las dificultades que tiene encontrar compañeros en ese viaje, ver envejecer y enfermar a los padres en un contexto de soledad, hacer todo eso lanzando un mensaje de esperanza me costó mucho.
En sus libros suele estar muy presente la dimensión humana de las historias. ¿Qué le atrae de los personajes cotidianos y de las vidas aparentemente sencillas?
Posiblemente sea mas comercial escribir de personajes que salvan la humanidad. Yo no estoy ahí, mis heroes no conducen un Aston Martin, ni una Harley, van en Fendt o en una Peugeot Partner, porque creo que los que salvan a la humanidad son las personas que a diario hacen bien las cosas, o hacen lo que buenamente pueden dentro de su situación, hay grandeza en ello y debe ser contado.
¿Cómo cree que ha evolucionado el mundo rural español desde la publicación de La raíz podrida hasta la escritura de Repoblare?
La raiz podrida está ambientado entre los años cuarenta y noventa del siglo XX, una época de diaspora, pero también de oportunidades, de desarrollo tecnológico y evolución, del boom del turismo rural y Repoblare está ambientado en el primer cuarto del XXI, y en tan poco espacio de tiempo hay muchas diferencias, la principal ya la he mencionado la Política Agraria Común y los acuerdos comerciales de esta con terceros paises está hundiendo nuestro medio rural, durante unos años las ayudas de la PAC sostuvieron los pueblos, pero ahora mismo es una ruina que despoblará definitivamente amplias zonas de nuestro país, ya sin resistencia serán convertidas en parques temáticos, eólicos y fotovoltaicos por especuladores y fondos de inversión.
Muchos lectores rurales pueden verse reflejados en estas páginas. ¿Qué le gustaría que encontraran en ellas quienes viven o han vivido en pequeños pueblos?
Encuentran su verdad. No es habitual que alguien escriba en este contexto, por eso cuando lo leen ven que toda su vida, planteamientos y vicisitudes están ahí reflejados de forma amena, se emocionan y yo, pues simplemente soy el mejor. Quizá me interesa más que personas del ámbito urbano o cuyos padres se fueron un día a vivir a una ciudad tengan la oportunidad de acercarse a esta realidad que he intentado reconstruir libre de esterotipos, este público jóven y urbano aun no lo tengo ganado.
¿Considera que todavía existen prejuicios o visiones simplificadas sobre la vida en el medio rural dentro de la sociedad actual?
Muchos. La realidad es muy diferente a la que transmiten los medios de comunicación: paz, silencio, armonia, naturaleza, teletrabajo viendo las montañitas y las vaquitas frisonas, si vale, pero con internet penoso porque no es rentable, con falta de fontaneros que te arreglen la caldera, sin médicos, sin espectáculos… Invertir y vivir en un pueblo es duro, eso no lo cuenta nadie, pero es mejor vivir en un pueblo que malvivir en Madrid, eso tampoco lo cuenta nadie.
Tras la buena acogida de La raíz podrida, reconocida internacionalmente, ¿ha sentido una mayor presión o exigencia personal al afrontar este nuevo proyecto?
Cuando pones el listón alto siempre hay algo de preocupación en este sentido, pero al ser proyectos tan diferentes con objetivos tambien diferentes que creo que no pueden compararse estoy tranquilo, no tengo presión.
Cuando los lectores cierren la última página de Repoblare, ¿qué reflexión o sensación le gustaría que permaneciera con ellos?
Una sonrisa y la sensación de haber leido algo auténtico.
Publicada originalmente en Publishnews


