
El equilibrio nace de que todo tenga un motivo dentro de la historia
La sombra del trono. El Trino. Libro I, de Unai Arroita, es una novela de fantasía épica que zambulle al lector en un mundo reconstruido tras una devastadora guerra, donde la paz depende de un frágil equilibrio entre el poder, la fe y antiguos juramentos. A medida que el misterioso Trino amenaza con resurgir, tres personajes marcados por el destino deberán enfrentarse a fuerzas que desafían el orden establecido. Con una cuidada construcción del universo, un sistema de poderes original y una trama repleta de secretos, la obra explora la identidad, el sacrificio y el precio de mantener el equilibrio frente al caos.
La sombra del trono presenta un universo con una historia y una mitología muy desarrolladas. ¿Cómo nació la idea de este mundo y cuánto tiempo dedicó a construirlo antes de comenzar a escribir la novela?
Antes de comenzar La sombra del trono, ya escribía pequeños textos de fantasía, reflexiones y escenas independientes. Con el tiempo descubrí que muchos compartían ideas y elementos, y de ahí empezó a surgir un universo común. Siempre me han interesado la fantasía, el manga, el anime y autores como Brandon Sanderson, especialmente por la forma de construir mundos complejos.
Cuando empecé la novela, comprendí que necesitaba un mundo que existiera más allá de la trama principal, con sus propias culturas, ejércitos, políticas y creencias. Por eso detuve durante un tiempo la escritura y dediqué varios meses a desarrollar el universo y los personajes. De hecho, esa fase me llevó más tiempo que la propia redacción inicial. Una vez construido el mundo, la historia pudo avanzar de forma mucho más natural y coherente.
El sistema de poderes basado en la Vida, la Alquimia y los Contratos desempeña un papel central en la historia. ¿Qué le interesaba explorar a través de esta estructura?
Me interesaba construir tres poderes claramente diferenciados, pero también relacionados con la forma en que entendemos el mundo. La Vida actúa sobre lo biológico y los seres vivos; la Alquimia, sobre la materia inerte; y los Contratos nacen del deseo humano de vincularse con algo superior.
Este último poder era especialmente importante para mí, porque permite crear vínculos entre humanos, bestias, ascendientes y dioses. En cierto modo, refleja una realidad muy cercana: las personas también construimos nuestra identidad a través de los lazos que establecemos con otros seres. Además, quería alejarme de los sistemas de magia más habituales basados únicamente en elementos como el fuego, el agua o el aire, y explorar un poder centrado en la relación, la dependencia y el compromiso.
Runar, Maera y Eira afrontan el conflicto desde perspectivas muy diferentes. ¿Qué aporta cada uno de ellos al desarrollo de la historia y cuál fue el mayor reto al construirlos?
Runar, Maera y Eira afrontan el conflicto desde lugares muy distintos. Runar pasa de ser un joven de un orfanato, ajeno a los grandes acontecimientos, a convertirse en una pieza decisiva dentro de una guerra que nunca eligió. Maera, en cambio, es una adulta marcada por un pasado del que lleva años huyendo, mientras que Eira aporta una energía más impulsiva, descarada y ligera, aunque también termina atrapada en un conflicto mucho mayor que ella.
Runar y Eira me resultaron más naturales de construir porque representan dos partes muy distintas de mí: la responsabilidad y el cuidado hacia los demás, por un lado, y la impulsividad y la espontaneidad, por otro. Maera fue quizá la más compleja, porque gran parte de su identidad está ligada a lo que oculta. Aun así, el verdadero reto llegará con la evolución de los tres, especialmente la de Runar, cuyo recorrido a lo largo de la saga será mucho más profundo de lo que puede parecer en esta primera entrega.
La novela plantea una paz sostenida por normas y juramentos más que por la confianza. ¿Qué reflexión quería transmitir sobre el poder y el equilibrio social?
Quería reflexionar sobre una idea que me parece muy interesante: no toda paz significa libertad. En La sombra del trono existe un mundo aparentemente estable, pero ese equilibrio se mantiene gracias a normas, juramentos y estructuras de control muy strictly estricta. La mayoría de la población cree vivir en paz, aunque en realidad esa paz depende de que nadie cuestione el orden establecido.
Más que hablar de política, me interesaba explorar hasta qué punto una sociedad puede confundir estabilidad con libertad, y qué ocurre cuando alguien rompe ese equilibrio.
El Trino se presenta como una amenaza que va más allá de la conquista. ¿Qué representa realmente esta fuerza dentro de la novela?
Más que una amenaza, el Trino representa el cambio. En el mundo de la novela, su regreso se asocia con el fin de una era y con la ruptura del orden establecido. Por eso todos lo temen: no solo pone en peligro a quienes ostentan el poder, sino también las certezas sobre las que se ha construido la sociedad durante siglos.
Me interesaba jugar con esa idea de que la Historia no siempre coincide con la verdad. A lo largo de la saga, los lectores irán descubriendo que la figura del Trino es mucho más compleja de lo que el propio mundo cree.
La identidad y el destino parecen estar en constante tensión a lo largo del relato. ¿Hasta qué punto cree que nuestros personajes pueden escapar del papel que les impone el mundo en el que viven?
En la novela juego mucho con el conflicto entre quién es realmente una persona y aquello que el mundo decide que debe ser. Runar es un joven cuya principal preocupación siempre ha sido sobrevivir y proteger a sus hermanos, pero, de un día para otro, pasa a ser considerado una amenaza capaz de destruir el mundo. Maera y Eira también terminan arrastradas a un conflicto que nunca eligieron y obligadas a asumir papeles que no sienten como propios.
Más que plantear un destino completamente inevitable, me interesa explorar cuánto puede resistirse alguien a las expectativas, los prejuicios y las responsabilidades que recaen sobre él. A lo largo de la saga, especialmente en el caso de Runar, veremos cómo intenta conservar su identidad mientras sus decisiones adquieren consecuencias cada vez mayores. Llegará un momento en el que no solo tendrá que preguntarse qué esperan los demás de él, sino también qué está dispuesto a sacrificar, en quién puede convertirse y si todavía es posible separar a la persona del símbolo que el mundo ha construido a su alrededor.
Su obra combina acción, intriga política y elementos sobrenaturales. ¿Cómo encontró el equilibrio entre estos distintos aspectos narrativos?
Para mí, el equilibrio nace de que todo tenga un motivo dentro de la historia. No me interesa escribir una pelea si el lector no entiende por qué sucede, qué quiere cada personaje o qué consecuencias puede tener. Del mismo modo, la política, el pasado de los personajes y los elementos sobrenaturales deben influirse entre sí.
Una de mis grandes referencias en ese sentido ha sido One Piece, una obra que llevo siguiendo desde hace unos veinte años. Me interesa mucho cómo cada personaje, cada lugar y cada conflicto tienen una historia detrás, aunque no siempre se muestre por completo. Intenté aplicar esa misma lógica en La sombra del trono: que cada ciudad, cada decisión y cada enfrentamiento ocupen su lugar dentro de un mundo más amplio y contribuyan a la evolución de los personajes.



