
La narrativa literaria es emocional por naturaleza
José Manuel Guerrero Padilla, nacido en Irapuato en 1971, es un escritor mexicano cuya vida ha transitado entre el ámbito empresarial y el mundo de las letras. Tras formarse en Administración de Empresas y realizar una maestría en Ginebra, comenzó a escribir editoriales en un periódico local, paso previo a emprender proyectos literarios de mayor alcance. Su obra se caracteriza por una profunda conexión con lo espiritual, lo místico y lo filosófico, reflejada en novelas como Algerie y en testimonios íntimos como El matrimonio es sagrado y, sin embargo, me divorcié. Su escritura invita a explorar emociones, destinos y aprendizajes de vida. Es, por lo tanto, todo un placer sentarnos a charlar con Guerrero Padilla.
José Manuel, ¿en qué momento sentiste que la escritura debía ocupar un lugar central en tu vida, más allá de tu trayectoria empresarial?
El compartir mis pensamientos, ideas, sentimientos y emociones es un anhelo que he sentido desde mi adolescencia. Fue en ese periodo de mi vida que sentía que tenía algo importante qué compartir. No sabía a ciencia cierta qué era aquello que anhelaba expresar, pero el sentimiento lo llevé conmigo durante muchos años hasta que, después de aficionarme a la lectura y leer Las confesiones de Rousseau, entendí que la escritura era una vía para hacerlo.
La vida es un constante flujo de vibraciones, así como en su naturaleza lo son el sonido y la luz. Somos la suma de ondas y frecuencias que aglutinadas dan forma a nuestras vidas. Las letras codifican sonidos, es decir, una vibración única. La suma de letras, conforman palabras y frases que, al expresarse, nombran todo lo que existe, así como todo lo imaginable. Siempre he sentido esta magia y ha sido poco a poco que la he ido comprendiendo más.
¿Cómo influyó tu experiencia internacional en Ginebra en tu manera de ver el mundo y de escribir?
Ginebra fue especialmente importante en mi vida. Recuerdo, en ese año 1995, ver a mi país sacudido por el levantamiento armado en Chiapas y lo que el subcomandante Marcos y el EZLN representaban. Alzaban la voz, de una manera poética, por los más humildes y desamparados del país. Me di cuenta de que el lenguaje era una forma de poder y que, bien orientado, era capaz de crear belleza.
Fue un año sabático y de transformación personal, donde pude cuestionarme acerca del verdadero sentido de mi vida. Aún era muy joven, a mis veinticuatro años, pero fue a partir de ese remanso de paz que viví, en uno de los países más serenos del planeta, que reconocí que mi vida tenía un sentido mayor. Hice muy buenos amigos, tuve todo el tiempo que deseaba para reflexionar y comenzar a conectar con mi esencia. Tuve la oportunidad de presenciar en el teatro de La Cité Universitaire (mi lugar de residencia) la obra teatral de Gabriel García Marquez, Diatriba de amor contra un hombre sentado. Me impresionó su manera de entender la esencia femenina. Tal fue mi agrado por dicha representación que acudí dos veces al evento. Pude presenciar una ponencia de Álvaro Mutis en el mismo auditorio y esos eventos fueron catalizadores importantes en lo que vendría posteriormente a mi vida. Me encontraba estudiando un MBA en administración internacional. Los negocios han sido una parte importante de mi vida, pero el compartir pensamientos, sentimientos y sensaciones, a través de historias, es algo que amo hacer.
Pasaste de escribir editoriales a novelas y relatos más íntimos. ¿Cómo fue esa transición creativa?
Mi padre le hizo llegar a un amigo suyo mi primer libro titulado Un solo corazón. Todo comenzó con esa primera colección de pensamientos ordenados a manera de diálogo con lo que para mí es Dios. Fue mi iniciación en el mundo de la escritura y contenía varias de las reflexiones que yo tenía plasmadas en las hojas de un par de libretas. El amigo de mi padre dirigía, en ese entonces (año 2009), el periódico local. Tuve una charla con él. Me dijo que le había gustado mucho el regalo de mi padre y que me ofrecía un espacio editorial para escribir cualquier tema que yo quisiera. «Puedes escribir de toros, si gustas», me comentó, haciendo alusión a un deseo que tuve por algunos años (el de ser torero) y que, al paso del tiempo dejaría a un lado, cambiando radicalmente al punto de volverme vegetariano.
Entonces comencé a escribir sobre la vida y todos sus aspectos como la política, la economía, la ciencia, la vida social, así como temas controversiales como el aborto, visto más allá de la ciencia y la religión. Todos ellos a la luz de lo que para mí significa la dimensión espiritual de la existencia. Y es que, en ese sentido todo en la vida es de naturaleza espiritual; es decir que no hay una separación entre lo material (el mundo denso) y lo espiritual (el mundo sutil). Lo denso es la energía sutil manifiesta en su último orden.
Así pasé poco más de seis años, con alguna intermitencia, escribiendo para el diario. Y fue a principios de ese periodo que atravesé mi divorcio. Fueron momentos muy dolorosos. Había crecido en una familia católica, me había casado por la Iglesia y hecho el juramento de vivir casado para toda la vida. Hacía tiempo que no me sentía ya parte de la institución católica y, no obstante, eso no reñía con mi sentir espiritual. Cuando tomé la decisión de separarme de quien era mi esposa rompí con dogmas y paradigmas, me vine abajo y tuve que reconstruirme profundamente. Sabía que, de todo el dolor, habría que rescatar un aprendizaje, y así sucedió.
Comencé a escribir las lecciones recabadas entendiendo que, lo que yo vivía, era un síntoma de los tiempos. Comprendí que no todos estábamos hechos para el matrimonio y que, quienes deseaban vivirlo, lo iban construyendo (sin darse cuenta real) mucho antes del noviazgo, es decir, desde los primeros años de vida; de lo contrario, se reconstruirían en el transcurso de su vida adulta para vivir tal aventura. La vida en pareja y en matrimonio era una cuestión mucho más profunda de lo que siempre había imaginado. De ahí nació la idea de El matrimonio es sagrado y, sin embargo, me divorcié. Deseaba compartir mi aprendizaje, pero decidí hacerlo justo como lo había vivido. Entonces vi necesario dejar el proyecto creativo con el diario local para abocarme a esa segunda obra.
Mientras todo esto sucedía, incluso desde poco antes de mi divorcio, había tenido un sueño muy nítido y sobrecogedor. Unas imágenes muy vívidas y reales se habían volcado en mi sueño y amanecía con ellas frescas en mi mente, en una mañana del 2009. En ese momento no sabía de qué se trataba y, aún así, comencé a escribir una historia que emanaba de ellas. Lo fui haciendo poco a poco, entre mis editoriales y entre los lapsos que me permitía El matrimonio es sagrado. Entonces, después de dieciséis años y dos viajes a Francia y a Argelia, nació mi tercer libro: Algérie.
En Algérie, un sueño se convierte en el motor de toda la historia. ¿Cuál fue el origen real de esa inspiración?
Fue un sueño, tal cual, y es lo mismo que me sigue asombrando de esta historia tan mía. Los sueños han sido una parte trascendental de mi vida. Existen dos tipos de sueños, para mí. Hay esos donde el cerebro se descarga de todas las impresiones del día y las transforma en imágenes que, de pronto, podemos recordar al despertar. Es un proceso de limpieza mental natural que toma lugar cada vez que dormimos. Pero existen otro tipo de sueños que son literalmente viajes a través de puertas que te permiten, en ese estado cerebral donde te encuentras emitiendo ondas Theta o Alfa, trascender limitaciones espacio-temporales. Entonces, esos sueños se llenan de imágenes con colores más intensos, formas nítidas y definidas, escenas y escenarios reales que no habías visto antes (al menos no es esta vida), e información que eleva la vibración de tu estado del ser.
¿Qué significó para ti viajar a Francia y Argel en busca de los escenarios de tu novela?
Fue un gran viaje de transformación interior, más allá de los miles de kilómetros recorridos. Corroboré que, lo que vi en mi sueño, existía como lugares que no había visitado antes. En Algérie narro ese viaje, pues la novela es prácticamente un relato de lo sucedido; de despertar esa mañana y comenzar a ir en búsqueda de esa chica, sin más que una secuencia de imágenes que quedaron asentadas en mi memoria. Algérie es una historia fascinante porque es una locura; una muy bella donde la vida me fue entregando las pistas, por más absurdas que parezcan, que me fueron llevando a descubrir todos los elementos trascendentes: la trama de la historia, en qué lugares había tenido lugar y el significado que ello tenía en mi vida. Además de lo fascinante que me resultan esas historias entrelazadas, redescubrir Argelia fue muy conmovedor. Ese enorme país del norte de África guarda en sus entrañas una gran riqueza ancestral de diversas civilizaciones que la habitaron. Algérie ha sido un bello delirio y una preciosa medicina para mi alma.
¿Crees que existe una conexión entre sueños, vidas pasadas y la escritura?
Definitivamente. Sé que es un tema un tanto controversial pues puede llegar a tocar fibras religiosas sensibles y, Algérie en particular, alguna premisa ideológica muy en boga hoy día. Estoy convencido de que una sola vida no basta para explorar la riqueza de la existencia; un solo viaje no es suficiente para experimentar y aprender; una sola vuelta no completa los ciclos del alma. Del subconsciente emergen los recuerdos y el deseo de desentrañarlos y encontrarles un sentido. Y es a través de la escritura que se encarnan en palabras que tejen frases e historias. Entonces, esas historias reverberan sentimientos que hacen eco en los lectores. Nuestro paso por la tierra permanece resonando de diversas formas, además de quedar grabado en nuestro ser. Así como nuestros pies dejan huella al caminar, nuestra alma hace lo propio. Y esas huellas energéticas cuentan su propia historia y, cuando descubres las razones y conexiones entre sus diversos trayectos, tienes una historia que contar. Los relatos conectan a las almas y sus afinidades.
En El matrimonio es sagrado y, sin embargo, me divorcié, narras una experiencia personal. ¿Qué te impulsó a compartir algo tan íntimo?
En primera instancia fue el fuerte dolor que viví lo que me llevó a compartir mi historia y aprendizaje. Pero lo que más me motivó a compartirlo fue la certeza de que existe, para quien así lo desea, un bello escenario de vida en pareja cuando estás listo para vivirlo. Era consciente de que mi novela significaba compartir una experiencia íntima, pero las historias cobran aún más valor cuando son escritas de la manera más fiel y transparente. Además, cuando has rescatado un conocimiento que consideras valioso, escribir tu historia es honrar a todos los que participaron en ella y te ayudaron a crecer y transformarte, ya sea a través del dolor o del amor.
Pero no solo era una historia más (la mía) de ruptura que contar. Crecí contemplando cómo muchas estructuras de vida se desgastaban, se secaban y comenzaban a derrumbarse. La gran mayoría de las figuras de poder y autoridad se han desviado de su propósito o hasta lo han pervertido. Esto ha sucedido en todos los ámbitos, como en la política, la religión, la educación, hasta llegar a pasarle factura al matrimonio. Hoy día el mundo no solo vive una crisis de pareja, sino también una confrontación abierta entre mujeres y hombres. Este libro significa compartir un aprendizaje y a la vez proponer una reconciliación profunda que comienza en el propio ser, en un mundo sediento de reencontrar su propósito en las relaciones de pareja, el matrimonio y la familia.
¿Qué le dirías a un lector que atraviesa una separación dolorosa y encuentra tu libro en ese proceso?
Que encontrará respuestas y que éstas le traerán paz. Le diría que reconocerá, en las páginas del libro, que las relaciones de cualquier tipo, y en especial las de pareja, comienzan sosteniendo una relación sana con uno mismo. Que la conformación de relaciones sanas comienza desde la cuna. No es un libro que intente proponer medidas para sanar una relación fracturada, sino que desea llevar al lector a comprender que las respuestas se encuentran antes del proceso de elección de la pareja. Es una novela que invita a la reflexión sobre algunas ideas y paradigmas, así como su vigencia y validez actual, que como seres sociales hemos construido acerca de las relaciones de pareja. Sé que el lector se sumergirá en un viaje de autodescubrimiento, contemplando mi vida como un espejo dentro de una trama amena, conmovedora e interesante.
Tus obras reflejan temas espirituales y filosóficos. ¿Cómo los integras con la narrativa literaria?
Toda historia sobre la faz de la tierra es la expresión de un anhelo de expansión consciente o inconsciente. Siendo niños nos levantábamos cada mañana con la ligereza de la alegría, aunque en muchos casos los años la fueron empañando. Pero nuestra alma guarda en su esencia ese deseo de reintegrarse al todo, de ser parte de él, de ocupar su lugar en la existencia. Ese es el tema de fondo que abordo en mis libros y para ello me ha venido bien el usar mis vivencias, en mis primeros tres libros.
Esa es la esencia detrás de la vida de cada ser humano. No hay nada más poderoso que los motivos que el alma guarda consigo para llevar a cabo su viaje de vida. Esos motivos que muchas veces no puede siquiera explicarse, pero que se ve impulsada por ellos con una fuerza sobrenatural para continuar su camino. Por ello es que, vista bajo esa luz y siendo contada de una manera interesante y creativa, cada historia puede ser fascinante.
La narrativa literaria es emocional por naturaleza y es en el mundo de la psique, del alma y de la fe (espiritual) donde, desde mi punto de vista, encuentra una enorme riqueza.
¿Consideras que tu escritura es también una forma de terapia personal?
Totalmente. El plasmar mis experiencias en letras y compartirlas me ha significado abrir una puerta a la curación. El hacerlo me ha llevado a la contemplación y la reflexión, a encontrar un sentido y un propósito, y a traer luz a mi vida. Escribir ha sido el proceso más terapéutico que haya llevado a cabo. Ha significado mirarme en otro tiempo y desde otra perspectiva; esa que los años y el aprendizaje me han conferido. Veo una gran fuente de poder sanador en el ejercicio de desnudarme y presentarme de la manera más honesta y transparente posible; en el hecho de reconocerme con toda mi humanidad, con mis defectos y virtudes. El llevar a cabo lo anterior me ha conducido a generar una fuerte empatía con el lector. Conversar, alejado de las pretensiones y sin más propósito que el de compartir la belleza del conocimiento que surge con el andar de la vida, es sumamente edificante.
¿Qué diferencia encuentras entre escribir desde la ficción y desde la vivencia real?
He ensayado con la ficción pero, para mis tres primeros libros, no fue el medio idóneo para transmitir lo que deseaba. Sin embargo, la ficción será la herramienta que utilizaré para mi siguiente novela.
La vivencia real me lleva a sentir con mayor intensidad lo que escribo y a transmitir con mayor fidelidad las historias, sus emociones y sus aprendizajes. La vivencia real requiere de mucha responsabilidad con los hechos y las personas involucradas; demanda mucha más atención a los detalles y a la transparencia con la que son contados. Requiere, para mí, de acompañar la narración con un mensaje poderoso y conmovedor que honre a los hechos y a los involucrados.
La ficción, por el contrario, te otorga mucha más libertad creativa, aunque sacrificando la carga emotiva y la sensibilidad que te suelen regalar las vivencias. La ficción te permite un universo ilimitado de personajes, relaciones y tramas, pero también exige mucha atención creativa para no caer en simplezas, exageraciones o desvirtuaciones.
¿Qué autores o corrientes literarias han marcado más tu camino como escritor?
En este caso he sido muy ecléctico y es algo que me ha venido bien. Un libro que marcó en gran medida mi deseo por escribir, como ya lo mencioné, fue Las confesiones, de Juan Jacobo Rousseau. Disfruté mucho su honestidad e incluso su candidez en algunos de sus relatos. Llegué a desmitificar a esa figura de la ilustración, contemplándolo a través de sus romances, sus amistades, sus temores y sus anhelos. En cuanto a novelas, me recreé mucho con El Conde de Montecristo, de Alejandro Dumas; con Respóndeme, de Susana Tamaro; con La historiadora, de Elizabeth Kostova; con La columna de hierro, de Taylor Caldwell; así como con El castillo blanco, de Orhan Pamuk.
Disfruto mucho le lecturas místicas como lo han sido El sufismo, corazón del Islam, de Khaled Bentounes; Gurdjieff, vida y enseñanzas, de John Shirley; Las cuatro alas de Mercurio, de Apiano León de Valiente. Son especialmente de mi agrado las lecturas donde la ciencia se encuentra con el misticismo, como en Ciencia y espiritualidad, de Amit Goswami o Quántum, de Manjit Kumar.
¿Qué reacción del público te ha sorprendido más respecto a tus libros?
Con El matrimonio es sagrado encontré mucho interés por continuar la “charla” a través de mensajes en redes sociales, así como, cuando era posible, en una conversación de café. En la gran mayoría de los casos surgía una identificación inmediata, más allá de los roles de sexo; es decir, de si yo escribía desde la postura masculina y quien se veía reflejada era una mujer. Tal identificación resultaba más del hecho de quién había tomado la decisión de separarse. También pude darme cuenta de que, los temas que en el libro abordaba, daban aún para más horas de conversación. Valoro mucho el comentario de una mujer que me hizo saber cuánto había cambiado su perspectiva sobre cómo un hombre puede vivir una separación dolorosa.
Con mi primer libro, Un solo corazón, la reacción fue más a nivel personal, pues fue un proyecto en pequeña escala. Pero los comentarios fueron muy positivos, en especial por una pequeña historia que es parte central del libro. Es la historia del guerrero, que llegó a mí en un momento de inspiración una tarde cualquiera, cuando circulaba en mi coche por las calles de la ciudad. Esa pequeña revelación le dio sentido a mi vida en un momento de fuertes dificultades.
Con Algérie los comentarios han sido sumamente favorables. A pesar del poco tiempo que tiene el libro a la venta, he recibido, con mucho placer, emotivas reseñas sobre la historia y el grato sabor de boca que ha dejado en varios lectores que se han sentido sumamente atraídos por la narrativa, por la carga emocional de la vida de los protagonistas, por los vuelcos en la historia y por un final distinto al esperado.
Además de los dos títulos mencionados, ¿estás trabajando en algún nuevo proyecto literario?
Así es. Como comentaba en una pregunta anterior, mi primer libro contiene esa pequeña historia del guerrero. Tengo gran estima por ese relato y, desde que lo escribí, pensé que merecía más. Es un muy breve relato a manera de cuento pero que guarda en él una poderosa enseñanza. El capítulo se titula así, El Guerrero, y es central y fundamental en Un solo corazón.
Guardaba la inquietud de que ese relato llegara a tener algún día una exposición mayor en un formato distinto. Pasaron varios años hasta que, en esta dinámica de mis sueños como un lenguaje común con mi subconsciente, una noche soñé el cómo debía tomar dicho relato y hacer de él una nueva novela. Y así, a manera de escenas, como si de una película se tratara, contemplé un bosquejo de novela que me emocionó grandemente.
En ese momento me encontraba escribiendo Algérie y sólo registré la idea para posteriormente comenzar dicho proyecto. Seguramente en un par de meses estaré abocado a su creación. Esta será mi nueva novela y esta vez considero que la ficción será el medio ideal para plasmarla.
¿Qué enseñanza de vida desearías que los lectores se lleven después de leer tus obras?
Vivimos en un mundo de contrastes. Hoy en día contemplamos grandes sombras que se ciernen sobre el planeta. Acudimos, por ejemplo, a presenciar el aniquilamiento de un pueblo en tiempo real, entre muchas otras miserias humanas. Pero estoy convencido de que la vida, por más dura, dolorosa y grotesca que pueda llegar a ser, siempre guarda en su seno la luz y belleza del amor. Eso es lo que deseo que mis lectores se lleven consigo: la luz y belleza que guarda la vida, cuando hay ojos para contemplarlas. Deseo que el lector despierte y reviva ese anhelo de expansión del que hablaba más arriba, viéndolo reflejado en las historias que comparto. Que el lector se recree en las sensaciones que despiertan estas historias tan humanas, pero tan llenas de ese sentido y propósito que las embellece; que se conmueva con las conexiones que el alma crea antes de su venida con el objetivo de aprender y continuar su viaje de expansión en la existencia. Deseo que el lector encuentre en historias, que suelen de pronto cruzar la frontera de lo ordinario, una lectura ágil y ligera que le otorgue un espacio para la recreación y la sublimación.
Publicada originalmente en Publishnews


